Caminos de agua, río abajo

Caminos de aguaLa primera vez que oí la canción “Blackheart” de Two Steps from Hell quedé mudo. Únicamente cuando acabó de sonar el piano, con aquellas últimas notas misteriosas, creí decir: “necesito escucharla otra vez”. Y mi dedo, convertido en el último apéndice de un autómata, apretó el botón de Repeat.

La segunda vez que la escuché noté que los huesecillos de mi oido medio percutían al compás de los sones.

La siguiente vez creí detectar que mis neuronas y aquellas violas y violines que sonaban me transportaban a mis queridos “caminos de agua”, y los tambores que resonaban majestuosos lo hacían en sincronía con nuestros remos hundiéndose en las aguas.

Y bajábamos, río abajo, arrastrados por la corriente, por nuestro esfuerzo y por el ímpetu de aquella música mágica.Caminos de agua

Y entre el humo de nuestro sueño vimos Miravet a los pies del Ebro, y nos invadió la tranquilidad en las hoces del Duratón. Y castillos imponentes y casetas de miseria nos miraban pasar.

Y por aquellas arterias de vida recorrimos toda la península.

Solamente cuando la canción me hizo oir las voces épicas que cantaban las cuatro notas de la sencilla melodía, volví a mi asiento del coche que conducía. Y entonces fue cuando maldije la brevedad del trayecto y la premura del tiempo pasándome por encima.

Y miré a mi acompañante que también, entusiasmado, golpeaba su rodilla con la mano al ritmo de los tambores.

Y le agradecí, en silencio, con una mirada que sus ojos azules no llegaron a ver, todo lo que me había enseñado y todo lo que aprendería, en el futuro, junto a él.

Gregori Navarro

Caminos de agua

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