Los señores de la Tierra

Hay material que nos permite hacer las cosas de una forma o de otra, realizar los proyectos con un enfoque diferente. Este libro es uno de ésos y encontrarlo y leerlo ha sido una gran suerte.

Todos creemos saber la historia: primero evolucionamos para caminar erguidos, luego utilizamos instrumentos, más tarde apareció la agricultura, el lenguaje y nosotros mismos: una inexorable progresión lineal desde el simio al humano. Sin embargo, Ian Tattersall nos presenta aquí a varios

precursores cuasihumanos distintos que vivieron durante la misma época, algunos hace tan solo 50.000 años. Durante su existencia, esos múltiples humanoides distintos tal vez se encontraron, hicieron intercambios, lucharon entre ellos, compartieron la vida e, incluso, se aparearon; es decir, que nuestro linaje no tiene nada de lineal. Ian Tattersall desmonta por completo las viejas ideas sobre lo que nos hace humanos y nos introduce a una historia notablemente distinta de nuestros diversos orígenes

 

Demetrio de Falero (I)

No podiamos dejar de dedicar una entrada de nuestro blog al que es uno de nuestros personajes en nuestro juego La Gran Biblioteca: Demetrio de Falero.

Nacido en el año 350 a.C. en el puerto ateniense de Falero poco se sabe de su vida. Es posible que naciera esclavo o como mucho pobre, según indicaciones de Diógenes Laercio, aunque otras fuentes lo relacionan con el general Conón, quien reconstruyó los muros largos de Atenas, derribados por los espartanos después de ganar la Guerra del Peloponeso.

Tuvo una gran afición por el estudio y por la oratoria aunque nunca quiso practicar la política. Estudió en el Liceo con Teofrastro como maestro y fue gran amigo de Menandro.

Después de un período turbulento en Atenas, Demetrio se situó bajo la protección de Casandro, quien llegó a ser rey de Macedonia después de la muerte de Alejandro Magno. El rey viendo las capacidades de Demetrio lo nombró administrador de Atenas.

Su gobierno fue, según Plutarco:

Oligárquico en el nombre, pero en realidad monárquico por el poder del Falereo”.

Toumai: uno de los personajes de nuestro juego

El Sahelanthropus Tchadensis puede ser el primer homínido. La especie que separa el chimpacé del homo.

Los fósiles de Sahelanthropus tchadensis se localizaron la mañana del 19 de julio de 2001 por un estudiante de la misión, Ahounta Djimdoumalbaye (considerado el mejor «cazador» de fósiles del equipo ) en un yacimiento conocido como Toros-Menalla, en el desierto de Djurab (República de Chad). Se trataba de un cráneo bastante dañado, dos fragmentos de mandíbula y tres dientes (restos pertenecientes al menos a cinco individuos).

El presidente de Chad, Idriss Déby, bautizó coloquialmente al nuevo ejemplar con el apodo de Toumaï, nombre que se da en el desierto de Djurab a los niños que nacen justo antes del comienzo de la estación seca y que significa, en el lenguaje Goran (Dazaga), «esperanza de vida».

Estas son las tres cartas de este personaje que participa en nuestro juego de mesa “Homínidos, la evolución humana”.

 

Esquilo en la estantería olvidada

A veces uno recorre estancias y pasillos, como si estuviera en un laberinto.

Y vaga en solitario sin encontrar la salida.

A veces uno recorre con el dedo, señalando los lomos de los libros, estanterías olvidadas hace ya tiempo. Y sin proponérselo, acaba encontrando una joya escondida.

No recordar algo es una de las virtudes del ser humano. Y yo no sabría decirte cuándo compré aquel pequeño librito. Ni siquiera qué me impulsó a hacerlo.

Recorro sus líneas, sus párrafos. Me detengo en sus puntos y me pauso en sus comas. Todo en una lectura rápida que intenta compensar el tiempo perdido.

Y así, todos sus sueños se estrellaron contra el mar

Cogió una de las cañas y empezó a hacer pequeños agujeros con un sencillo punzón. Las cañas las habían recogido en sus salidas nocturnas, cuando el único vigilante se quedaba dormido. Poco a poco habían almacenado una gran cantidad de ellas. Habían tenido tiempo, mucho tiempo para hacerse con todo el material necesario Años y años encerrados en aquella enorme prisión, en la que ellos dos eran los únicos forzados habitantes.

Una pluma de un despistado ganso, otra pluma de buitre que apareció muerto en el recinto, varias más de pato y un montón de vulgares plumas de palomas que se atrevían, sin conocer su futuro, a posarse en los muros. Una a una las fue enganchando en los agujeros de la caña con la cera de abeja, calentada al sol en un pequeño recipiente.

Miró a su derecha y vió cómo su padre se esforzaba en ensamblar las cañas emplumadas unas con otras, formando así el extraño artilugio. Se acercó a él, arrastrando los pies, para que comprobara la solidez de su trabajo y pensó en el viaje que dentro de poco emprenderían.

Ataron a su cuerpo el producto de sus meses de trabajo y sus sueños de libertad, y subieron al muro más alto.

Y ejecutaron el más bello salto de vida que nadie jamás hizo. Y volaron.

Subía y bajaba moviendo sus brazos y sintiendo el aire fresco en su cara. Y desde atrás escuchaba la lejana voz de su padre: “No subas más. El sol, el sol…”

Fue entonces cuando vió la extraña lluvia de plumas y cuando presintió la inminente caida.

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Hola Lucy

Jugamos publicará su primer libro en otoño.

Aunque siempre es un placer leer bajo la sombra, hemos decidido esperar a que bajen las temperaturas.

Dejaremos pasar la época de ocio por excelencia, las colas en los aeropuertos incluso el aburrimiento ante la tele.

Y, solamente después, pondremos en tus manos el intenso y corto relato de una australopithecus afarensis, ilustrado por la genialidad de nuestra querida Reedom art.

“Por ello comenzaste a andar con tu cría a la espalda. A unos metros de distancia de ellos, sin prisas por alejarte de aquel paraje. Y caminaste y caminaste bajo un sol redondo y quemante, atravesando llanuras desarboladas y lagunas desecadas, masticando hojas, granos y raices.

Fragmento del libro “Hola Lucy”

Gregori Navarro

 

 

 

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Tetractys y el origen del nombre del juego

TetractysUno nunca puede prever que será primero. En algunos juegos es la mecánica la que surge en primer lugar. En otras ocasiones es la forma y el diseño del tablero el que se materializa antes que nada. Otras veces ocurre que es un nombre, el futuro nombre del juego, el que precede a cualquier otro componente o fase en la creación del juego.

En el caso de Tetraktys fue así. Primero apareció la enigmática palabra en la cabeza y posteriormente se añadieron el resto de piezas que acabaron componiendo el juego.

Tetraktys fue la palabra que quedo en el pensamiento después de leer la gran novela de Marc Chicot “El asesinato de Pitagoras”. Y Tetraktys fue el nombre que quise dar a este juego de tablero en elipse, con fichas-comodines de grandes matemáticos y matematicas de la Antigüedad y con cartas que contenían sencillos problemas matemáticos que ayudarían a los escolares. El sobrenombre “cómo meterse en problemas” quería dar una pista de la temática del juego haciendo un “simpático” juego de palabras. Explicar todo esto no representó ningún problema para mi porque contaba con la ayuda del gran Pitágoras. Con el permiso del autor, os dejo con Pitágoras que nos habla desde las páginas de aquella novela.

“Pitágoras levantó la cabeza pausadamente y abrió los párpados.

Los seis discípulos se sobrecogieron. En los ojos dorados del maestro ardía un fuego más intenso de lo habitual. Su cabello, de un blanco níveo, caía en cascada sobre sus hombros y parecía resplandecer al igual que su espesa barba. Tenía más de setenta años, pero mantenía casi intacto el vigor de la juventud.

—Observad la tetraktys, clave del universo —la voz de Pitágoras, profunda y suave, resonó en el solemne espacio del templo circular.

En la mano derecha sostenía una vara de fresno. Con ella señaló hacia el suelo de mármol, donde había desenrollado un pequeño pergamino entre él y sus discípulos. Mostraba un sencillo dibujo. Una figura triangular formada por cuatro filas de puntos. La de la base contenía cuatro puntos, la siguiente tres, había otra de dos y finalmente una cúspide de un solo punto. Estos diez puntos ordenados en triángulo eran uno de los símbolos fundamentales de la orden.

 Continuó hablando con majestuosa autoridad.

—Durante los próximos días dedicaremos la última hora a analizar el número que contiene a todos: el número diez. —Realizó con la vara un movimiento circular alrededor de la tetraktys—. El diez contiene también la suma de las dimensiones geométricas —dio un toque con la vara a los diferentes niveles dibujados en el pergamino—: uno el punto, dos la línea, tres el plano y cuatro el espacio.

Se inclinó hacia delante e intensificó la mirada. Cuando volvió a hablar, su voz se había vuelto más grave.

—El diez, como sabéis, también simboliza el cierre pleno de un ciclo.”

Gregori Navarro

Tetractys

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Laberintos

El laberinto de CnososLos autores antiguos consideraban que los laberintos eran inextricables, y es posible que ese prejuicio persista en nuestros días. Damos ese nombre a las construcciones compuestas por paseos o galerías cuyas innumerables ramificaciones hacen que el visitante se vea imposibilitado de salir. Las obras de la antigüedad están repletas de descripciones de esos maravillosos monumentos que servían de tumbas y de los que hoy no quedan más que ruinas. En el Antiguo Egipto habían dos: el laberinto de Mendès, situado en la isla del lago Moeris, y el laberinto de los Doce Señores, construido al sudeste del mismo lago por Psamético, casi siete siglos antes de la era cristiana.

Plinio cuenta que era un monumento consagrado al sol; se componía de una serie de templos unidos o superpuestos entre sí que ocupaban una extensión prodigiosa; las calles describían circuitos y vericuetos inextricables.

Pero, entre todos esos monumentos, el más cantado por los literatos ha sido

el laberinto de Cnosos

laberintoobra del ingeniero ateniense Dédalo, quien lo construyó por orden del rey Minos como prisión para el monstruoso Minotauro.

Puede ser que no haya en todos los escritos que nos hablan del laberinto de Creta más que una leyenda poética. Ningún autor de la Antigüedad refiere haber visto jamás ese laberinto; desde el tiempo de Diodoro y de Plinio no se han descubierto más vestigios exteriores. Sin embargo existen todavía en la isla de Creta numerosas cavernas con galerías cubiertas que los pobladores no dudan en calificar como las ruinas del laberinto donde entrera la bella Ariadna.

Gregori Navarro

El laberinto de Cnosos

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Resumiendo…

Jugamos

Hoy es un buen día para hacer balance.

No nos extenderemos en las dificultades que hemos ido encontrando a lo largo de este tiempo, en las piedras y el polvo que invaden este largo y tortuoso camino.

No. Sencillamente queremos hacer un resumen de lo que tenemos hasta ahora.

Nos gustaría decir, como dijo el cantautor, que tenemos “más de cien motivos para no cortarse de un tajo las venas”. Pero todavía no llegamos a tanto.

No son cien, de momento, son unos cuantos menos y en este post hemos querido juntarlos. Y desear que os guste jugar con ellos, tanto como a nosotros nos ha gustado imaginarlos y crearlos.

Jugamos

Gregori Navarro

Jugamos

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Entramos en la Gran Biblioteca de Alejandría

La Gran Biblioteca de AlejandríaCuando Ptolomeo, general y amigo de Alejandro Magno a la muerte de éste fue nombrado gobernador de Egipto, comprendió que estaba obligado a difundir el saber y la cultura en aquellas tierras.
Posteriormente Ptolomeo pasó a ser Ptolomeo I Sóter (el Salvador) estableciendo así la dinastía ptolemáica.
Este rey y sus sucesores dedicaron un gran esfuerzo a construir el Museo y la Biblioteca de Alejandría y a dotarla del máximo de libros y de colaboradores y estudiosos , llegando a ser los centros depositarios de toda la cultura y el saber de la Antigüedad.

Las actividades fueron dirigidas y controladas por directores o bibliotecarios que fueron engrandeciendo la institución. De entre ellos, cuatro serán los protagonistas de esta
historia: La Gran Biblioteca de Alejandría

La Gran Biblioteca de Alejandría

La Gran Biblioteca de Alejandría

La Gran Biblioteca de AlejandríaY cada uno intentará conseguir el mayor número y del máximo de valor de libros y así poder proclamarse como el mejor bibliotecario de la Antigüedad.

¿Quieres ser uno de ellos?

Gregori Navarro

 La Gran Biblioteca de Alejandría

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