Y así, todos sus sueños se estrellaron contra el mar

Cogió una de las cañas y empezó a hacer pequeños agujeros con un sencillo punzón. Las cañas las habían recogido en sus salidas nocturnas, cuando el único vigilante se quedaba dormido. Poco a poco habían almacenado una gran cantidad de ellas. Habían tenido tiempo, mucho tiempo para hacerse con todo el material necesario Años y años encerrados en aquella enorme prisión, en la que ellos dos eran los únicos forzados habitantes.

Una pluma de un despistado ganso, otra pluma de buitre que apareció muerto en el recinto, varias más de pato y un montón de vulgares plumas de palomas que se atrevían, sin conocer su futuro, a posarse en los muros. Una a una las fue enganchando en los agujeros de la caña con la cera de abe

ja, calentada al sol en un pequeño recipiente.

Miró a su derecha y vió cómo su padre se esforza

ba en ensamblar las cañas emplumadas unas con otras, formando así el extraño artilugio. Se acercó a él, arrastrando los pies, para que comprobara la solidez de su trabajo y pensó en el viaje que dentro de poco emprenderían.

Ataron a su cuerpo el producto de sus meses de trabajo y sus sueños de libertad, y subieron al muro más alto.

Y ejecutaron el más bello salto de vida que nadie jamás hizo. Y volaron.

Subía y bajaba moviendo sus brazos y sintiendo el aire fresco en su cara. Y desde atrás escuchaba la lejana voz de su padre: “No subas más. El sol, el sol…”

Fue entonces cuando vió la extraña lluvia de plumas y cuando presintió la inminente caida.

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Hola Lucy

Jugamos publicará su primer libro en otoño.

Aunque siempre es un placer leer bajo la sombra, hemos decidido esperar a que bajen las temperaturas.

Dejaremos pasar la época de ocio por excelencia, las colas en los aeropuertos incluso el aburrimiento ante la tele.

Y, solamente después, pondremos en tus manos el intenso y corto relato de una australopithecus afarensis, ilustrado por la genialidad de nuestra querida Reedom art.

“Por ello comenzaste a andar con tu cría a la espalda. A unos metros de distancia de ellos, sin prisas por alejarte de aquel paraje. Y caminaste y caminaste bajo un sol redondo y quemante, atravesando llanuras desarboladas y lagunas desecadas, masticando hojas, granos y raices.

Fragmento del libro “Hola Lucy”

Gregori Navarro

 

 

 

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Tetractys y el origen del nombre del juego

TetractysUno nunca puede prever que será primero. En algunos juegos es la mecánica la que surge en primer lugar. En otras ocasiones es la forma y el diseño del tablero el que se materializa antes que nada. Otras veces ocurre que es un nombre, el futuro nombre del juego, el que precede a cualquier otro componente o fase en la creación del juego.

En el caso de Tetraktys fue así. Primero apareció la enigmática palabra en la cabeza y posteriormente se añadieron el resto de piezas que acabaron componiendo el juego.

Tetraktys fue la palabra que quedo en el pensamiento después de leer la gran novela de Marc Chicot “El asesinato de Pitagoras”. Y Tetraktys fue el nombre que quise dar a este juego de tablero en elipse, con fichas-comodines de grandes matemáticos y matematicas de la Antigüedad y con cartas que contenían sencillos problemas matemáticos que ayudarían a los escolares. El sobrenombre “cómo meterse en problemas” quería dar una pista de la temática del juego haciendo un “simpático” juego de palabras. Explicar todo esto no representó ningún problema para mi porque contaba con la ayuda del gran Pitágoras. Con el permiso del autor, os dejo con Pitágoras que nos habla desde las páginas de aquella novela.

“Pitágoras levantó la cabeza pausadamente y abrió los párpados.

Los seis discípulos se sobrecogieron. En los ojos dorados del maestro ardía un fuego más intenso de lo habitual. Su cabello, de un blanco níveo, caía en cascada sobre sus hombros y parecía resplandecer al igual que su espesa barba. Tenía más de setenta años, pero mantenía casi intacto el vigor de la juventud.

—Observad la tetraktys, clave del universo —la voz de Pitágoras, profunda y suave, resonó en el solemne espacio del templo circular.

En la mano derecha sostenía una vara de fresno. Con ella señaló hacia el suelo de mármol, donde había desenrollado un pequeño pergamino entre él y sus discípulos. Mostraba un sencillo dibujo. Una figura triangular formada por cuatro filas de puntos. La de la base contenía cuatro puntos, la siguiente tres, había otra de dos y finalmente una cúspide de un solo punto. Estos diez puntos ordenados en triángulo eran uno de los símbolos fundamentales de la orden.

 Continuó hablando con majestuosa autoridad.

—Durante los próximos días dedicaremos la última hora a analizar el número que contiene a todos: el número diez. —Realizó con la vara un movimiento circular alrededor de la tetraktys—. El diez contiene también la suma de las dimensiones geométricas —dio un toque con la vara a los diferentes niveles dibujados en el pergamino—: uno el punto, dos la línea, tres el plano y cuatro el espacio.

Se inclinó hacia delante e intensificó la mirada. Cuando volvió a hablar, su voz se había vuelto más grave.

—El diez, como sabéis, también simboliza el cierre pleno de un ciclo.”

Gregori Navarro

Tetractys

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Laberintos

El laberinto de CnososLos autores antiguos consideraban que los laberintos eran inextricables, y es posible que ese prejuicio persista en nuestros días. Damos ese nombre a las construcciones compuestas por paseos o galerías cuyas innumerables ramificaciones hacen que el visitante se vea imposibilitado de salir. Las obras de la antigüedad están repletas de descripciones de esos maravillosos monumentos que servían de tumbas y de los que hoy no quedan más que ruinas. En el Antiguo Egipto habían dos: el laberinto de Mendès, situado en la isla del lago Moeris, y el laberinto de los Doce Señores, construido al sudeste del mismo lago por Psamético, casi siete siglos antes de la era cristiana.

Plinio cuenta que era un monumento consagrado al sol; se componía de una serie de templos unidos o superpuestos entre sí que ocupaban una extensión prodigiosa; las calles describían circuitos y vericuetos inextricables.

Pero, entre todos esos monumentos, el más cantado por los literatos ha sido

el laberinto de Cnosos

laberintoobra del ingeniero ateniense Dédalo, quien lo construyó por orden del rey Minos como prisión para el monstruoso Minotauro.

Puede ser que no haya en todos los escritos que nos hablan del laberinto de Creta más que una leyenda poética. Ningún autor de la Antigüedad refiere haber visto jamás ese laberinto; desde el tiempo de Diodoro y de Plinio no se han descubierto más vestigios exteriores. Sin embargo existen todavía en la isla de Creta numerosas cavernas con galerías cubiertas que los pobladores no dudan en calificar como las ruinas del laberinto donde entrera la bella Ariadna.

Gregori Navarro

El laberinto de Cnosos

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Resumiendo…

Jugamos

Hoy es un buen día para hacer balance.

No nos extenderemos en las dificultades que hemos ido encontrando a lo largo de este tiempo, en las piedras y el polvo que invaden este largo y tortuoso camino.

No. Sencillamente queremos hacer un resumen de lo que tenemos hasta ahora.

Nos gustaría decir, como dijo el cantautor, que tenemos “más de cien motivos para no cortarse de un tajo las venas”. Pero todavía no llegamos a tanto.

No son cien, de momento, son unos cuantos menos y en este post hemos querido juntarlos. Y desear que os guste jugar con ellos, tanto como a nosotros nos ha gustado imaginarlos y crearlos.

Jugamos

Gregori Navarro

Jugamos

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Entramos en la Gran Biblioteca de Alejandría

La Gran Biblioteca de AlejandríaCuando Ptolomeo, general y amigo de Alejandro Magno a la muerte de éste fue nombrado gobernador de Egipto, comprendió que estaba obligado a difundir el saber y la cultura en aquellas tierras.
Posteriormente Ptolomeo pasó a ser Ptolomeo I Sóter (el Salvador) estableciendo así la dinastía ptolemáica.
Este rey y sus sucesores dedicaron un gran esfuerzo a construir el Museo y la Biblioteca de Alejandría y a dotarla del máximo de libros y de colaboradores y estudiosos , llegando a ser los centros depositarios de toda la cultura y el saber de la Antigüedad.

Las actividades fueron dirigidas y controladas por directores o bibliotecarios que fueron engrandeciendo la institución. De entre ellos, cuatro serán los protagonistas de esta
historia: La Gran Biblioteca de Alejandría

La Gran Biblioteca de Alejandría

La Gran Biblioteca de Alejandría

La Gran Biblioteca de AlejandríaY cada uno intentará conseguir el mayor número y del máximo de valor de libros y así poder proclamarse como el mejor bibliotecario de la Antigüedad.

¿Quieres ser uno de ellos?

Gregori Navarro

 La Gran Biblioteca de Alejandría

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Ariadna en su laberinto

El laberinto de CnososLa gota resbala y, como si cayera por un precipicio, se estrella en la palma de su mano.

A ésta le siguen otras que acaban en su vestido y en el frío suelo de piedra. Suspira y quiere ahogar su llanto silencioso y sus sentimientos compasivos. No puede.

Ante sus ojos se representa la última y terrible escena. Dura y fría, siguiendo los patrones de las mejores tragedias de Esquilo, la acción se desarrolla con otro ritmo. Han acabado las carreras en la oscuridad, las persecuciones de verdugo y víctima por los pasillos y pasadizos húmedos, los gritos y los ruidos de la respiración agitada.

Ahora el último estertor de muerte ha llegado al colosal cuerpo de su medio hermano, y de su bravura asesina no queda ya nada. Ahora solamente destaca un hilillo de babas y sangre que mana de su hocico.El laberinto de Cnosos

Ahora los movimientos, rápidos y agresivos, de aquel príncipe ateniense, han dejado paso a su respiración entrecortada, que nos avisa quién ha sido el vencedor, que recuerda quién es el superviviente.

Ella alza la mirada y observa el ovillo de cuerda salvador. Con un suave gesto le indica que tienen que escapar de aquel escenario de muerte y horror.

El monstruoso minotauro queda tendido, sin presente ni futuro ya desvanecido.

Teseo, el que pasará a la historia como el héroe valiente y libertador, recoge su espada y dirige sus pasos, cabizbajo, hacia donde está ella.

Ariadna comienza a caminar enrollando la cuerda en su mano, hacia la libertad, hacia el centro de su laberinto.

Gregori Navarro

El laberinto de Cnosos

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Un principio de fábula

De fabula-”Cuéntame un cuento”- me dijo después de taparse hasta el cuello con la sábana.

-¿Un cuento?- le pregunté extrañado.

Hacía muchos meses que habíamos abandonado esa costumbre. Ahora ella se iba a dormir un poco más tarde y siempre cargaba con un libro que la acompañaba hasta que se dormía. Sus gustos estaban cambiando: miraba series de televisión y dibujos animados que ya no eran aquéllos tan infantiles de antes.

-¡Venga, papi, explícame un cuento!- insistió.De fábula

Empecé a salir de mi extrañeza y recordé que hacía unas semanas había removido algunas cajas con libros. Eran libros de cuando cursaba los estudios primarios, la EGB. Libros de texto, libretas usadas y libros de lectura.

-Espera un momento. Enseguida vuelvo- le dije con un tono de misterio y complicidad.

No tardé mucho en regresar junto a su cama. Medio escondido detrás de mi espalda, asomaba un libro. Ella, impaciente, se esforzaba por ver la portada.

-Fábulas fabulosas- leyó la niña.

-Si – le confirmé-. Son fábulas, cuentos, narraciones escritos por cuatro grandes autores: Esopo, La Fontaine, Iriarte y Samaniego. Este libro era uno de mis favoritos cuando yo tenía más o menos tu edad.

De fábulaLa niña me arrebató el libro y comenzó a pasar sus páginas buscando las ilustraciones y las letras capitales. Un brillo de ilusión y entusiasmo se instaló en sus ojos.

-¿Comienzas por ésta?- me ordenó acercándome el libro abierto. Entonces comencé a leer los versos de “La zorra y las uvas” de Samaniego. Y luego continué, sin que ella me lo pidiera, con otra fábula de Esopo. Y después fue el turno de La Fontaine. Y, por último vino el sueño y cerró sus ojos.

La noche siguiente solo fui un alegre espectador. El libro cambió mis manos por las suyas. Las frases y los versos llenaron sus ojos. Mi boca calló y recitaron sus labios. Ella se durmió entre sábanas y fábulas y yo pensé en hacer este juego de cartas.

Gregori Navarro

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No te preocupes

Multiplícate-No te preocupes -le dije cuando noté su frustración por no poder aprenderse de memoria las tablas de multipicar del 6, 7, 8 y 9.

-Es solo cuestión de esfuerzo y de tiempo -insistí. El esfuerzo de intentar decirlas hasta donde te acuerdes y de consultarlas cuando te equivoques. El tiempo que necesites, sabiendo que hoy habrás avanzado un poquito más que ayer, y que mañana habrás llegado más lejos de donde te encuentras ahora -intenté razonar para tranquilizarla.

-Es que…es tan difícil. Es que, es que…no me las sé e incluso me equivoco en algunas que pensaba que ya me las sabía -y casi se le saltaban las lágrimas mientras hablaba.

-No te preocupes -volví a decirle. Piensa que millones de personas han pasado por esto mismo antes que tú y ahora no dudan ni se equivocan cuando han de hacer alguna multiplicación.

Se marchó y cambió el duro aprendizaje de las tablas de multiplicar por su juego con las muñecas a las que enseñaba a escribir usando una pequeña pizarra de juguete.Multiplícate

Intenté recordar cuándo y cómo las había aprendido y memorizado yo, pero no lo conseguí. Parecía que, después de tantos años, siempre las había sabido, y que nunca las tuve que aprender.

Ella, con el paso del tiempo sumado a sus esfuerzos por grabarlas, tendría esta misma sensación, igual que yo, igual que millones de personas.

Pero mientras no llegaba ese día quise diseñar este tablero, estas tarjetas y estas fichas y dados.

Y cuando todo estuvo preparado, me asomé a su habitación y le propuse…

…jugamos?

Gregori Navarro

Multiplícate

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La savia que nos alimenta

SaviaY después de aquel largo invierno nos visitó la primavera.

Los que decían saber de la vida siempre habían defendido que la primavera era la época que representaba mejor la vida en toda su esencia.

Y yo, ávido por saber, quise comprobarlo. Y me convertí en planta.

Y alcé mis ramas hacia el cielo desafiando el quemante calor de los rayos.

Y erguí el tallo retando la fuerza de un viento infantil.Savia

Y hundí la cofia de mis raices buscando tu magma quemante y primigenio.

Fue entonces cuando noté el frescor de tu agua subterránea mojando los pelos absorventes radiculares. Y sentí el sabor de tus sales y de todos los elementos que guardabas.

Momentos después, tu esencia subió por mis vasos conductores y buscó en la superficie de mis cientos de hojas el anhidrido carbónico de tu aliento y el contacto con nuestro sol.

Tu esencia se convirtió en savia Saviaelaborada y cubrió mis células vegetales como la manta lo hacía con mi cuerpo en las noches de aquel invierno pasado.

Y explotó en mí la vida, en toda su esencia, desprendiendo en su onda expansiva pequeñas moléculas de oxígeno.

Gregori Navarro

Savia

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