Laberintos

El laberinto de CnososLos autores antiguos consideraban que los laberintos eran inextricables, y es posible que ese prejuicio persista en nuestros días. Damos ese nombre a las construcciones compuestas por paseos o galerías cuyas innumerables ramificaciones hacen que el visitante se vea imposibilitado de salir. Las obras de la antigüedad están repletas de descripciones de esos maravillosos monumentos que servían de tumbas y de los que hoy no quedan más que ruinas. En el Antiguo Egipto habían dos: el laberinto de Mendès, situado en la isla del lago Moeris, y el laberinto de los Doce Señores, construido al sudeste del mismo lago por Psamético, casi siete siglos antes de la era cristiana.

Plinio cuenta que era un monumento consagrado al sol; se componía de una serie de templos unidos o superpuestos entre sí que ocupaban una extensión prodigiosa; las calles describían circuitos y vericuetos inextricables.

Pero, entre todos esos monumentos, el más cantado por los literatos ha sido

el laberinto de Cnosos

laberintoobra del ingeniero ateniense Dédalo, quien lo construyó por orden del rey Minos como prisión para el monstruoso Minotauro.

Puede ser que no haya en todos los escritos que nos hablan del laberinto de Creta más que una leyenda poética. Ningún autor de la Antigüedad refiere haber visto jamás ese laberinto; desde el tiempo de Diodoro y de Plinio no se han descubierto más vestigios exteriores. Sin embargo existen todavía en la isla de Creta numerosas cavernas con galerías cubiertas que los pobladores no dudan en calificar como las ruinas del laberinto donde entrera la bella Ariadna.

Gregori Navarro

El laberinto de Cnosos

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Ariadna en su laberinto

El laberinto de CnososLa gota resbala y, como si cayera por un precipicio, se estrella en la palma de su mano.

A ésta le siguen otras que acaban en su vestido y en el frío suelo de piedra. Suspira y quiere ahogar su llanto silencioso y sus sentimientos compasivos. No puede.

Ante sus ojos se representa la última y terrible escena. Dura y fría, siguiendo los patrones de las mejores tragedias de Esquilo, la acción se desarrolla con otro ritmo. Han acabado las carreras en la oscuridad, las persecuciones de verdugo y víctima por los pasillos y pasadizos húmedos, los gritos y los ruidos de la respiración agitada.

Ahora el último estertor de muerte ha llegado al colosal cuerpo de su medio hermano, y de su bravura asesina no queda ya nada. Ahora solamente destaca un hilillo de babas y sangre que mana de su hocico.El laberinto de Cnosos

Ahora los movimientos, rápidos y agresivos, de aquel príncipe ateniense, han dejado paso a su respiración entrecortada, que nos avisa quién ha sido el vencedor, que recuerda quién es el superviviente.

Ella alza la mirada y observa el ovillo de cuerda salvador. Con un suave gesto le indica que tienen que escapar de aquel escenario de muerte y horror.

El monstruoso minotauro queda tendido, sin presente ni futuro ya desvanecido.

Teseo, el que pasará a la historia como el héroe valiente y libertador, recoge su espada y dirige sus pasos, cabizbajo, hacia donde está ella.

Ariadna comienza a caminar enrollando la cuerda en su mano, hacia la libertad, hacia el centro de su laberinto.

Gregori Navarro

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Cómo se pensó “El laberinto de Cnosos”

El laberinto de CnososEn la primavera del 2.010, envueltos por el calor de un día de sol, pensamos cómo será nuestro primer juego.

Vemos a nuestros tres personajes a los que asignamos unos colores que ya siempre les acompañarán:

  • Minotauro, siniestro ser caracterizado por el negro, de desgracia y luto.
  • Teseo, héroe dónde los haya, valiente y con una fuerza física más allá de lo normal. El color rojo le caracteriza. Rojo de ación y de rapidez en los movimientos. Rojo de espada utilizada contra un enemigo feroz.
  • Ariadna, bella e inteligente princesa, que personaliza el amor sin límites. Ariadna es capaz de traicionar a su hermano, el Minotauro, a quien también amaEl laberinto de Cnosos, por salvar a su enamorado, el príncipe ateniense. Le asignamos el color verde, porque representa el futuro, junto a Teseo y el futuro de una humanidad libre de situaciones de crueldad.

Nos imaginamos un tablero como un laberinto exterior, con sendas y caminitos rodeados de arbustos que impiden pasar al otro lado.

Dejamos un laberinto oscuro y siniestro, interior en los sótanos de un inmenso palacio, para una futura versión de nuestro juego.

Colocamos  a los dos contrincantes en dos puntos opuestos, unidos por una diagonal imaginaria: un punto es la entrada al laberinto y en ella Teseo espera su turno para entrar. El otro punto es el fondo del laberinto, donde tiene su lugar de descanso el Minotauro y desde donde se lanzará en persecución del ateniense.

Justo en medio del tablero encontramos a Ariadna. Ella se moverá en cada turno con la tirada de cada personaje. Ella decidirá quién de los dos adversarios es el atacante en cada momento.

Ariadna y los dados decidirán quién sale vencedor del laberinto.

Jugamos…?

Gregori Navarro

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