Y así, todos sus sueños se estrellaron contra el mar

Cogió una de las cañas y empezó a hacer pequeños agujeros con un sencillo punzón. Las cañas las habían recogido en sus salidas nocturnas, cuando el único vigilante se quedaba dormido. Poco a poco habían almacenado una gran cantidad de ellas. Habían tenido tiempo, mucho tiempo para hacerse con todo el material necesario Años y años encerrados en aquella enorme prisión, en la que ellos dos eran los únicos forzados habitantes.

Una pluma de un despistado ganso, otra pluma de buitre que apareció muerto en el recinto, varias más de pato y un montón de vulgares plumas de palomas que se atrevían, sin conocer su futuro, a posarse en los muros. Una a una las fue enganchando en los agujeros de la caña con la cera de abe

ja, calentada al sol en un pequeño recipiente.

Miró a su derecha y vió cómo su padre se esforza

ba en ensamblar las cañas emplumadas unas con otras, formando así el extraño artilugio. Se acercó a él, arrastrando los pies, para que comprobara la solidez de su trabajo y pensó en el viaje que dentro de poco emprenderían.

Ataron a su cuerpo el producto de sus meses de trabajo y sus sueños de libertad, y subieron al muro más alto.

Y ejecutaron el más bello salto de vida que nadie jamás hizo. Y volaron.

Subía y bajaba moviendo sus brazos y sintiendo el aire fresco en su cara. Y desde atrás escuchaba la lejana voz de su padre: “No subas más. El sol, el sol…”

Fue entonces cuando vió la extraña lluvia de plumas y cuando presintió la inminente caida.

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Punto de inicio de “El vuelo de Dédalo e Ícaro”

El vuelo de Dédalo e ÍcaroEste sencillo juego se pensó una tarde de verano del 2.010.

Eran monotemáticas mis lecturas en aquella época: mitología, mitología y mitología.

Y, como no podía ser de otra forma, fruto de todo aquello surgió un juego que trataba sobre este mito tan conocido: Dédalo e Ícaro.

 

Fue en verano y tres colores impregnaron el diseño:

  • Los ocres y naranjas de las arenas de las playas. Playas de Creta a donde me llevaban mis recuerdos,  origen de la El vuelo de Dédalo e Ícaroaventura que sería. Playas de Sicilia, nunca pisadas por mi pie, perseguidas por los pensamientos y los sueños de los protagonistas de esta historia.
  • Los azules, como no, planos y lisos. Azul de un cielo libre, sin obstáculos, con la compañía de pequeñas aves autóctonas en continua búsqueda de alimento. Azul de un mar profundo, misterioso. Un mar alegre en la cresta blanca de sus olas. Un mar serio y reflexivo en el contínuo vaivén de su enorme masa.
  • Los amarillos que los reflejos del sol imponían en los objetos. Amarillos abrasantes del propio sol que nos cegaba sin ni siquiera mirarlo.

Se conjuraron las tres gamas de colores y crearon nuestro tablero. Una rejilla hizo que fuera posible el avance de las fichas a golpe de tirada de dados, con funciones definidas de antemano: el amarillo te hacía ascender hacia el sol, el azul desplazaba tu vuelo a ras de mar , el verde te permitía avanzar y acortar la distancia que te separaba de las costas sicilianas.El vuelo de Dédalo e Ícaro

Las tiradas de tus dados decidían si el constructor ateniense y su hijo perdían las plumas de sus alas al derretir el amarillo calor del sol la cera que las unía, o mojaban su vuelo con la humedad salada del mar y se precipitaban al desastre azul, o simplemente avanzaban por el cielo con serenidad de matices verdosos hasta alcanzar su objetivo: la libertad.

Si todo esto no hubiera ocurrido en verano quizás estariamos hablando de otra cosa, … pero no fue así.

Jugamos…?

Gregori Navarro

El vuelo de Dédalo e Ícaro

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