Por el principio

JugamosSiempre que me planteo explicar algo, me viene el recuerdo de aquella profesora de lengua y literatura castellana y de su repetida coletilla.
Todavía me veo de pie, entre mi mesa y mi silla en aquel aula del colegio nacional al que iba todos los días, pensando por dónde debía empezar para contestar aquella pregunta
que sobre Cervantes había lanzado sobre mí.

-“Por el principio, Navarro. Empiece por el principio, por favor” – decía la profesora con voz cansina.
Y Navarro, que había cincelado en su cabeza de piedra algunos datos biográficos del gran genio de la literatura, comenzaba a explicar la historia desde el Cervantesprincipio de ésta.
Treinta y muchos años después, el principio de esta historia se halla en la habitación de un hospital. Allí, convaleciente, desde su cama me miran los grandes y azules ojos de mi
hijo. Lo peor ya ha pasado y sólo queda que el tiempo nos ayude a cerrar la herida.

Leo, en voz alta, para entretener estos momentos, la novela de Javier Negrete, “Salamina”.

TemistoclesMi hijo me escucha pero detecto que no está allí conmigo: navega junto a Temístocles en plena batalla.
Acabado el capítulo decidimos jugar al ajedrez y mi hijo versiona el juego, asignándome el bando de Jerjes, y quedándose él con el ejército griego.
Y en ese momento salta la chispa que prenderá en las ideas resecas como hojas de otoño.
“¿Por qué no inventamos juegos nuevos que nos acerquen y hagan revivir la historia?”
Y pusimos nuestras manos y nuestras cabezas a trabajar.

Ahora, mientras escribo estas líneas, solamente espero que la señorita Loli, aquélla que en 6º de EGB grababa a golpe de martillo nuestras cabezas de piedra, hoy no se enfade
conmigo.
Por el principio, he empezado por el principio.

Gregori Navarro

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