La luz de los lejanos faros

Aunque no sea una lectura de verano, el profesor García Gual siempre nos hace pasar buenos ratos, a pesar de la gravedad del problema que trata.

Solo una perla, para disfrutarla:

«Es como si, entre tanta información, tanto estrépito, tanto chismorreo y chisporroteo de imágenes, los libros quedaran un tanto apagados, y nosotros anduviéramos demasiado desasosegados para demorarnos en las palabras escritas. Sin contar con el riesgo de que, al adentrarnos en una biblioteca laberíntica y circular, nos perdamos por los pasillos, como les sucedió a algunos, y, como sir James Frazer o J.L. Borges, nos quedemos al fin atrapados y ciegos, como el agorero Tiresias, pero sin inspiración de los dioses, sino tan solo emboscaos entre libros, con su extraña y taimada sabiduría. Los pedagogos y altos funcionarios de Educación velan por ahorrarnos esos riesgos.»