Poco a poco se van perfilando las siluetas de los personajes que intervendrán en el teatro de sombras del mito «Eco y Narciso».
Y poco a poco el libro va cogiendo la forma, los textos y las imágenes que os harán pasar grandes momentos de diversión y aprendizaje.
Y como anticipo de lo que será, os quiero dejar la presentación que el autor Ovidio hace de él.
«Hola, mi nombre es Ovidio y a partir de ahora os voy a coger de la mano para conduciros por
una historia bella y trágica. Pero antes de eso, dejadme que os diga quien soy.
Mi nombre completo es Publio Ovidio Nasón pero todos me llaman simplemente Ovidio y nací en el pequeño pueblo de Sulmona en el año 43 a.C., dentro del gran Imperio Romano. Mi familia era rica así que nunca tuve problemas económicos y a pesar de que mi padre siempre quiso que me dedicara a la política, lo siento por él pero mi camino fue la poesía. He escrito numerosas obras, algunas se han perdido, y de entre todas ellas hay una que destaca y además tengo que decir que es mi preferida: “Las metamorfosis”. Y sí, lo habéis adivinado. Es un largo poema donde explico gran parte de la mitología grecorromana y hago resaltar sobretodo aquellos mitos donde alguno de los personajes sufre una transformación. Y prueba de ello es éste que os presento ahora: «Eco y Narciso», aquí los dos protagonistas acabaran teniendo una bonita y dramática metamorfosis. Pero no quiero adelantar nada, porque siempre será mejor que lo veáis y lo vayáis descubriendo vosotros mismos.
Así que dadme la mano que os guiaré por este relato fantástico.»
Gregori Navarro




Reconozco que le di algunas vueltas a la idea.

Aunque no sea una lectura de verano, el profesor García Gual siempre nos hace pasar buenos ratos, a pesar de la gravedad del problema que trata.
anto estrépito, tanto chismorreo y chisporroteo de imágenes, los libros quedaran un tanto apagados, y nosotros anduviéramos demasiado desasosegados para demorarnos en las palabras escritas. Sin contar con el riesgo de que, al adentrarnos en una biblioteca laberíntica y circular, nos perdamos por los pasillos, como les sucedió a algunos, y, como sir James Frazer o J.L. Borges, nos quedemos al fin atrapados y ciegos, como el agorero Tiresias, pero sin inspiración de los dioses, sino tan solo emboscaos entre libros, con su extraña y taimada sabiduría. Los pedagogos y altos funcionarios de Educación velan por ahorrarnos esos riesgos.»